CASA DO CABAZO

LA MURALLA DE LUGO

(Patrimonio de la Humanidad)

El recinto amurallado de Lucus Augusti es el mejor conservado de la Península Ibérica, entre los de su época, y su aspecto actual responde en casi su totalidad a su configuración original. Su construcción se ajusta totalmente a los cánones dados por Vitrubio para este tipo de fortificaciones.

DIMENSIONES
El conjunto de la fortificación abarca 34,4 Ha, tiene un perímetro, por su camino de ronda, de 2.117 m. según las últimas medidas (2.140 y hasta 2.219 según algunos autores). Su espesor es de 4,20 m. aunque en algunos lugares alcanza los 7 m. en su estado actual. La altura de la Muralla oscila entre los 8 y los 12 metros por su parte exterior. La longitud de los lienzos entre los cubos oscila desde los 8,80 y 9,80 metros hasta los 15,90 y 16,40 metros. Se conservan cuarenta y seis torres antiguas completas, más treinta y nueve que hoy están cortadas total o parcialmente. En las enteras oscila entre 5,35 metros y 12,80 metros el hueco o segmento, y de 4,80 a 6 metros, la flecha. En una de ellas se conservan dos ventanas de medio punto, de 1,43 m. y 1,53 m. de alto y 1,15 de ancho. La superficie del monumento comprendida entre la cara interior y la cara exterior incluidas las escaleras y la rampa exteriores es de 1,68 Ha.

TRAZADO
La planta de la Muralla es cuadrangular, con los ángulos suavizados, y ocupa una zona de terreno topográficamente irregular, más alta al noroeste, en descenso hacia el sudeste. Siguen siendo un enigma los motivos de ese trazado que dejó fuera importantes zonas residenciales de la antigua ciudad romana y en cambio protegió terrenos descampados.

MATERIALES
Los romanos construyeron la Muralla con lajas de pizarra y bloques de granito, materiales muy abundantes en las cercanías de Lugo. Pero el núcleo de la obra es un mortero fabricado con tierra, piedra suelta y guijarros, cementado con agua. Los constructores de la Muralla encontraron en la pizarra un elemento similar a sus ladrillos de cerámica y utilizaron el granito sobre todo para reforzar las torres que flanqueaban las puertas.

TORRES
En la actualidad hay 71 cubos, 60 de planta circular y 11 cuadrangulares. En origen debieron ser 85 u 86, según las fuentes, coronados por sus correspondientes torres de dos pisos, al menos, abiertas mediante ventanales de medio punto, de los cuales sólo se conservan los restos de uno, en A Mosqueira.

La vigilancia y ataque desde cada una de las torres se extendería a las situadas a los lados, generando un fuego cruzado que anulaba la disposición de puntos muertos y mejoraba la defensa de los entrepaños existentes entre los cubos.

Los espacios existentes entre los cubos o torres se denominan cortinas; la longitud de las mismas oscila entre los 6,30 m. y 13,50 m., situándose la altura del creciente en torno a los 6 m.

PUERTAS
Para entrar y salir en el recinto amurallado se utilizan diez puertas, cinco antiguas y otras tantas modernas. Estas últimas fueron abiertas a partir de 1853 por necesidades del crecimiento urbano. Seis de ellas son peatonales, mientras en las otras cuatro se permite la circulación de tráfico rodado.

ESCALERAS
Al paseo de ronda o adarve se accede por cuatro escaleras y una rampa, todos modernos. El sistema romano era muy diferente, consistía en escaleras de doble ala embutidas en el macizado de los cubos. Se han descubierto dieciséis escaleras de este tipo, y se supone que hay una en cada torre original romana.

FOSO
La Muralla formaba parte de un autentico complejo defensivo integrado, mirando de fuera a dentro, por un foso, la propia Muralla y el intervallum.

La existencia del foso ha podido documentarse arqueológicamente en los últimos años, la primera vez, en 1987. Está separado de los cubos de la Muralla unos 5 m., tiene una anchura de unos 20 m. y una profundidad media de 4 m. con respecto al suelo original.

INTERVALLUM
El último obstáculo que debería salvar el asaltante, tras el foso y la Muralla, sería el intervallum.

Complementario de las otras dos defensas, estaría ya dentro del recinto. Constituye un espacio comprendido entre el paramento de la Muralla y la primera línea de edificaciones urbanas, que constituirían la última defensa posible.

La anchura de este vial, que debería circunvalar la ciudad al igual que la Muralla, como una especie de ronda interior, debería ser suficientemente amplia para facilitar el movimiento de las tropas o personas que quisieran acceder a la Muralla, así como el tránsito de carromatos de abastecimiento de comida y armas, y servir como espacio al que fuesen a parar las armas arrojadizas lanzadas por la catapultas, así como servir de base a las escaleras móviles, utilizadas para subir a las plataformas de defensa.

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