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La sierra de O Caurel completa con la de Ancares; hermana
del norte, la larga sierpe de piedra que constituye la frontera
natural más espectacular con la que cuenta Galicia. Es
un territorio quebrado, de montañas fracturadas por lentos
cataclismos geológicos que a veces escapan al entender
del hombre, de fallas que moldearon picudas cumbres y valles profundos;
de pendientes de vértigo partidas por sinuosos cursos fluviales. |
| Es un macizo de pizarra y esquistos, a veces quebrado
por afloramientos calcáreos. Un territorio de clima atlántico,
a veces cortado por la influencia mediterránea. En su corazón
se esconden valiosas devesas en las que el haya y el roble imponen
su nobleza, castañares centenarios a los que los caurelanos
les deben casi la vida y bosques de ribera que conforman verdes
galerías por donde los ríos y los arroyos alimentan
miles de pequeños prados. Es tierra de lobos, de águilas
reales, de corzos y también lo ha sido de osos y de urogayos. |
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Pero sobre todo, O Caurel es tierra de aldeas. Son
poblados fascinantes, de construcciones siempre apiñadas,
encantadores conjuntos rurales de configuración medieval,
casi un mar de lanchas de pizarra y vigas de castaño trepando
por la montaña, desafiando precipicios, comunidades cerradas
aquí y allá, escondidas bajo las recias ramas de
los castañares, Eras y cobertizos, solainas y sobeiras,
vacas y ovejas, hornos y lareiras, molinos y sequeiros, alvarizas
y herrerías.... ¡ Tanta belleza! |
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